CRÓNICA DE LA II MEDIA MARATÓN VILLA Y PUEBLA DE GUADALUPE
CRÓNICA DE LA II MEDIA MARATÓN VILLA Y PUEBLA DE
GUADALUPE
Bueno compañeros, el domingo 24 de
febrero nos desplazamos dos componentes del club, Pesqui y Pedro, el que
suscribe, a la II Media Maratón por Montaña Villa y Puebla de
Guadalupe, media maratón de 22,2 kms las cosas hay que decirlas como
son. Y como no podía ser de otro modo salimos vivos y dejamos alto el
pabellón del club, sobre todo gracias a Pesqui nuestro secretario que hizo un
pedazo de marca. La mañana amaneció fresca pero soleada, sin viento, una mañana
perfecta para correr.
Muy bonito lugar de entrega de
dorsales, la “Iglesia antigua” que forma parte del Monasterio de Guadalupe,
frente al parador, buena organización en la distribución de dorsales, con
varias mesas. La única pega la manía de recoger la licencia federativa hasta el
final de la carrera ¿Verdad Pesqui?.
La salida fue desde la plaza de
Poniente, pasando por la Plaza Mayor, e inmediatamente nos meten por una de las
calles más típicas de Guadalupe, la calle Sevilla, más conocida como la calle
de las flores, por donde nos sacan del pueblo, y comienza “el baile”.
La carrera tuvo el mismo recorrido
que la edición de 2012, cuestas arriba, cuestas abajo, recuestas arriba y “cuestones”
para abajo y por encima de todas ellas (muchas) hay que
resaltar tres: la cuesta entre las ermitas, la cuesta para alcanzar la Presa
de Mato (ay mi madre) y la del km 20 “cuesta de la horca”.
Transita por un entorno
espectacular, rodeados de robles, castaños
y jaras, las panorámicas son extraordinarias y con las
lluvias de estos días atrás el agua corría por todos lados; en dos o tres
ocasiones (no recuerdo cuántas veces porque iba muy deprisa y no me acuerdo)
tuvimos que saltar arroyos. La única sorpresa de la partida fue el "mardito
barro", que sobre todo entre los kms. 2 y 5 puso a prueba nuestro
equilibrio... Al principio todos a fila de a uno salvando una gran charca
que cubría casi todo el lomo del gran viaducto de la via muerta, de un tren que
nunca circuló; luego corriendo de puntillas como gatos para no salpicarnos (uy
que me mancho) y finalmente ya lo de menos era mancharse, la prioridad era no
estrellarse: íbamos patinando como esquiadores. Cómo sería el barrizal que
la organización puso carteles con un "cuidado con los charcos".
Fue pasar los charcos y el barro y
comienzan las cuestas, incluida la que hay desde la ermita de San Blas a la de
Santa Catalina, con el único terreno un poco técnico de la carrera. El resto de
trazado son caminos forestales. Una vez “coronada” la cuesta de Santa Catalina,
comenzamos una de las superbajadas entre pinares, con la primera vista del
Pueblo y su Monasterio. Llegamos al río Guadalupejo, y corremos paralelos a su
cauce durante unos cinco kilómetros. Alcanzamos la famosa Presa del Mato y su
cuesta, merece la pena culminarla solo por las vistas. Otra “bajada del 15” y de bruces con la cuesta
de la horca, una autentica pared de subida.
Lo más bonito y emocionante, a parte
de las vistas que ofrece la carrera , es el ambiente, durante todo el recorrido
el público estuvo arropando a los
corredores, y el final de la carrera, que al pasar por la plaza de Santa Maria
de Guadalupe con el Monasterio de fondo,
como en la llegada de una etapa de montaña de la vuelta ciclista, nos
encontramos corriendo por un pasillo de espectadores, animando y aplaudiendo.
La participación en la carrera se
redobló del año pasado a éste: 2012 - 125 participantes y 2013 - 260. La
organización a pesar de llevar sólo dos ediciones de la prueba tiene
el listón muy alto: la carrera está muy bien organizada, hay muchos voluntarios
en la carrera, a pie y muchos en bici, estos últimos preguntando
al personal sobre sus sensaciones y orientándote sobre el recorrido. Había
muchísimos puestos sanitarios y numerosos avituallamientos
líquidos con agua e isotónicas; el agua fresquita no, muy fría y servida
en vasitos. También pusieron un par de avituallamientos sólidos
fantásticos con plátanos, pan de higos, pasas, naranja, el segundo de los
cuales, y aquí pongo un "¡vayahombre!" como en la
anterior edición, no tenía mucho sentido puesto que lo situaron en el
km 20.
Lo mejor vino al final, tras una
ducha en casa de nuestro amigo Pascual, un saludo para él, vinieron las cañitas
y la comida con nuestros amigos del club de atletismo “Vegas Bajas” de Montijo,
que participaron SEIS, no como nosotros,
a ver si la próxima nos animamos más.
Bueno en fin un buen domingo, una
buena carrera y una buena experiencia, y lo dicho para el año que viene os tenéis
que animar alguno más.
Pedro.





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